Artículo de Fe
Nuestra Doctrina Fundamental


Como Institución Evangélica Mesiánica y Trinitaria; Apostólica y Profética, la IGLESIA EVANGELICA PENTECOSTAL LIBRE presenta los 34 puntos Bíblicos y Teológicos de su Artículo de Fe, el cual creen y se someten a practicar los miembros de la IEPL; por lo que se constituyen en su Doctrina Fundamental y Regla de Fe.



Artículo 1: De la Fe En La Santísima Trinidad


Nosotros creemos que hay un sólo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo ni partes, de infinito poder, sabiduría y bondad. Creador y Conservador de todas las cosas, sean visibles como invisibles. Creemos en la Unidad de ésta Deidad de Tres Personas llamada también Trinidad; que tienen una misma sustancia y esencia, poder y eternidad y les llamamos; El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. No creemos en tres dioses, sino en Un solo Dios en esencia y Trino en Personas.

Artículo 2: La Deidad Del Verbo de Dios, el Hijo de Dios

Nosotros creemos que Jesús fue hecho verdadero Hombre: Creemos que el Señor Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios, que es el Verbo del Padre, que es verdadero y eterno Dios, de la misma sustancia o esencia con el Padre y el Espíritu Santo. Que tomó las naturalezas enteras y perfectas, a saber, la Deidad y la Humanidad; éstas se unieron en una sola persona para jamás ser separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre; que nació de la virgen María, concebido por el Espíritu Santo, (Isaías 7:14; Mateo 1:23 y Lucas 1:31-35) en Su vida santa e inmaculada –sin pecado (Hebreos 7:26 1° Pedro 2:22) en Sus milagros (Hechos 2:22; 10:38) que realmente padeció, que fue crucificado, muerto y sepultado,(1° Corintios 15:3; 2° Corintios 5:21) para reconciliar a Su Padre con nosotros, y para ser sacrificio vivo, no solamente por la culpa original, sino también por los pecados actuales de la humanidad.(Mateo 28:6; Lucas 24:39; 1° Corintios 15:4) y en su exaltación a la Diestra del Padre. (Hechos 1:9-11; 2:33; Filipenses 2:9-11 y Hebreos 1:3)


Artículo 3: De la Resurrección De Jesucristo


Nosotros creemos que Dios resucitó verdaderamente a Jesús como el Cristo –Mesías de entre los muertos, recibiendo los títulos de Rey, Señor y Salvador, volviendo a tomar Su mismo cuerpo, con todo lo perteneciente a la integridad de la naturaleza humana, pero sin sangre, en un cuerpo transformado, con lo cual subió al cielo, y allí está a la diestra del Padre hasta que vuelva en poder y gloria, para juzgar a todos los hombres en el último día de ésta presente creación.


Artículo 4: Del Espíritu Santo Y Sus Dones


Nosotros creemos que El Espíritu Santo, procede del Padre y del Hijo, que es de una misma sustancia o esencia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, que es verdadero y eterno Dios. Enviado por el Padre para guiar a la Iglesia invistiéndola de poder. Creemos en el bautismo y en la llenura del Espíritu Santo, subsecuente a un corazón limpio y habitado por Él. Creemos en el hablar en lenguas, según como el Espíritu Santo dirija a la persona, y que ésta es una, pero no la única, de las evidencias del bautismo en el Espíritu Santo. Creemos que la sanidad Divina y los Milagros son provistos por Dios en la expiación y en el Nombre del Señor Jesucristo. Creemos que las señales que el Señor Jesús habló a sus discípulos, continúan y serán hasta el tiempo del rapto de la Iglesia. Creemos que los Dones del Espíritu Santo, capacitan al creyente a triunfar sobre sus debilidades y deseos pecaminosos y para la obra del ministerio al cual el Señor lo llamó a cumplir como testigo suyo.


Artículo 5: De la Suficiencia De las Sagradas Escrituras


Nosotros creemos que las Sagradas Escrituras –La Biblia, son la Palabra inefable, infalible y autoritativa de Dios, como regla de fe y conducta. Creemos que tanto el Antiguo, como el Nuevo Testamento son la revelación de Dios al hombre por lo que contienen todas las cosas necesarias para conocer el camino de la salvación; de modo que no debe exigirse que hombre alguno reciba como artículo de fe, ni considere como requisito necesario para la salvación, nada que en ella no se lea, ni pueda por ellas probarse.


Artículo 6: Del Antiguo y del Nuevo Pacto


Nosotros creemos y reafirmamos que el Antiguo Testamento o Pacto no es contrario al Nuevo o Renovado, sino que realmente son uno solo, en dos partes, esto es, el Antiguo y el Renovado; puesto que en ambos, Antiguo y Renovado, se ofrece la vida eterna al género humano a través del Mesías Jesús prometido como único Mediador entre Dios y el hombre, siendo que Él es Dios y Hombre. El llamado Antiguo Testamento o Pacto Antiguo revela la personalidad y obra del Mesías, (Juan 5:45-46; Deuteronomio 18:15,18) y el Pacto Renovado, mal llamado por los hombres como “Nuevo Testamento”, pone de manifiesto las obras consumadas de Cristo, que demuestran que Él es el Ungido de Dios que salva a la humanidad perdida en sus delitos y pecados. Por lo cual, no deben ser escuchados los que pretenden que los antiguos patriarcas tenían su esperanza puesta tan sólo en promesas transitorias. La ley que Dios dio por medio de Moisés, en cuanto se refiere a ceremonias y ritos, no obliga a los renacidos por el Mesías; aunque sus preceptos civiles no sean necesariamente recibidos en algún estado de gobierno; no hay creyente renacido alguno que quede exento de la obediencia a los mandatos, los cuales nominamos como leyes morales y de convivencia. Creemos y afirmamos que realmente no son dos Testamentos de Dios, el Antiguo Testamentito y el Nuevo Testamento, porque en Jeremías 31:31-33, no habla allí de un “neo” testamento, sino de un “Keinem” que quiere decir, renovar Su pacto con Israel, incluyendo ahora a los gentiles, o sea, para toda la humanidad, como una igualdad que Dios mismo quiere brindar al hombre común; entonces no son dos, sino que realmente son Uno, así como Dios es Uno; es por ello es que creemos que debe decirse el Antiguo Pacto y el Pacto Renovado. Bajo el nombre de Sagradas Escrituras o de La Biblia, comprendemos aquellos libros canónicos del Antiguo y del Renovado Testamento o Pacto, de cuya autoridad nunca hubo duda alguna en la Iglesia de Jesucristo. Los nombres de los libros canónicos son, treinta y nueve: Génesis, Éxodo, Levíticos, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, el primer y segundo libro de Samuel, el primer y segundo libro de los Reyes, el primer y segundo libro de las Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares, los Cuatro Profetas Mayores, y los Doce Profetas Menores. Todos los libros del Pacto Renovado que son veinte siete, generalmente aceptados, los recibimos y los tenemos como canónicos.


Artículo 7: Del Pecado Original Y el Nuevo Nacimiento


Nosotros creemos que el hombre fue creado justo y bueno, porque Dios dijo “hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”; pero que el hombre por trasgresión voluntaria cayó, ha pecado y como consecuencia de su pecado se acarreó, no solo la muerte física, sino que también la muerte espiritual, que es separación de Dios, o sea, fue destituido de la gloria y presencia de Dios. (Génesis 1:26-27; 2:17; 3:6; Romanos 5:12-19) Creemos que el pecado original no consiste en la imitación del Adán del libro de Génesis, sino que es la corrupción misma de todo hombre engendrado en el orden natural de la estirpe de Adán, por lo cual el hombre está muy apartado de la justicia original, y por su misma naturaleza se inclina al mal, y esto es de continuo y como algo normal en él. Creemos que la única esperanza de redención que tiene el hombre, es a través de la sangre vertida por Jesucristo, el Hijo de Dios. Creemos que el arrepentimiento es necesario para alcanzar el perdón de Dios por los pecados y esta es la única forma ordenada por Dios para gozar de su misericordia. Creemos que la justificación, la regeneración y el nuevo nacimiento se efectúan por la fe en la obra redentora y en la sangre preciosa de Jesucristo y esa obra perfecta es denominada: La Salvación y redención del Hombre.


1. Naturaleza:
Es una transformación espiritual y sobrenatural, denominado como el nuevo nacimiento o regeneración, que Dios efectúa en el Alma y en la vida del creyente. (Juan 3:3-5; 1:12; 2ª Corintios 5:17).


2. Condiciones:
La salvación se puede obtener gratuitamente y únicamente por medio del arrepentimiento de los pecados y de la vana manera de vivir, volviéndose a Dios de todo corazón por la fe en el sacrificio vicario y expiatorio del Señor Jesucristo (Hechos 20:21; 4:12; 16:30-31; Marcos 16:15-16; Efesios 2:8-9).


3. Evidencias:
La evidencia interior de la salvación es el testimonio directo del Espíritu Santo al creyente (Romanos 8:16). La evidencia exterior consiste en una vida justa y verdaderamente santa, manifestada por los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23: Santiago 2:18; Mateo 7:16-17; Efesios 4:22-24: Tito 2:12) y por el buen testimonio personal. (Hechos 6:3)


4. Resultados:
Al experimentar la Salvación, el creyente obtiene perdón y liberación de la paga del pecado por Cristo el Señor; la paz con Dios y la seguridad de la Vida Eterna. (Juan 3:16; 5:24; Romanos 8:1).


Artículo 8: Del Libre Albedrío


Nosotros creemos que la condición del hombre después de la caída de Adán es tal, que no puede volverse, ni prepararse a sí mismo por su propia fuerza natural, ni por sus obras, para ejercer la fe genuina e invocar al Dios vivo; por lo tanto, no tenemos poder para hacer obras buenas agradables y aceptables a Dios, por nuestros propios medios, ni merito alguno, sin que la gracia de Dios por Cristo Jesús, a través del Espíritu Santo, nos capacite para que hallemos ante Dios buena voluntad, y coopere en y con nosotros cuando tuviéremos la buena voluntad ir a los pies de Cristo. Creemos que la santificación, subsecuente al nuevo nacimiento, se va alcanzando únicamente a través de la obra del Espíritu Santo, que permite al creyente renunciar a diario y dominar plenamente, los deseos y pasiones humanas, al poner en práctica la Palabra de Dios revelada a través de la Persona del  Espíritu Santo. Creemos que la santidad es la norma de vida que Dios ordenó y le promete a Su pueblo, que se traduce hoy como la Iglesia del Señor.


Artículo 9: De la Justificación y Santificación Del Hombre Renacido 

Nosotros creemos que la santificación es el acto de separación de aquello que es lo malo, para dedicar a Dios su vida, confiando en la gracia y misericordia del Padre; (Romanos 12:1; 2:1; 1° Tesalonicenses 5:23; Hebreos 13:12) por lo tanto se nos tiene por justos delante de Dios sólo por los méritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe en Él, y no por nuestras buenas y propias obras a modo de merecimiento. Por lo tanto, la doctrina de que somos justificados solamente por la fe, es bien saludable y muy llena de consuelo; sin embargo enfatizamos, pues creemos, que Dios en las Sagradas Escrituras demanda y promete al renacido una vida de santidad, sin la cual nadie le verá. Esto quiere decir, que si bien nuestras buenas obras no nos salvan, pero sí creemos, que las malas nos condenarán; sin embargo que por el poder de su Espíritu, se nos capacita para obedecer el mandamiento y la promesa: "Sed santos, como Yo soy Santo". La santificación es la voluntad de Dios para los creyentes y se debe buscar con vehemencia, caminando en fidelidad y en sujeción a la Palabra de Dios, apoyado solamente en la guía del Espíritu Santo. (Hebreos 12:14; 1ª Pedro 1:15-16; 1ª Tesalonicenses  5:23-24).


Artículo 10: De las Buenas Obras


Nosotros creemos que aunque las buenas obras, son fruto de la fe en Dios (Santiago 2:26) y consiguientes a la justificación, no pueden librarnos de los pecados, ni soportar la severidad del justo juicio de Dios. Sin embargo, las buenas obras son agradables y aceptas a Dios en Cristo Jesús y nacen de una fe genuina y viva, puesta solamente en Dios, por la obra expiatoria de Jesús en el madero, en el monte Calvario, de manera que por las obras se puede conocer la fe viva tan evidentemente como se conocerá el árbol, por su fruto.


Artículo 11: De las Obras De Supererogación


Nosotros creemos que las obras o tareas voluntarias ejecutadas aparte o en exceso de los términos de los mandamientos de Dios, llamadas obras de supererogación, no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad; pues por ellas declararán los hombres que no sólo rinden a Dios todo lo que es de su obligación, sino que por amor a él hacen aún más de lo que en rigor les exige el deber, siendo así que Cristo dice explícitamente: "Cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: "Siervos inútiles somos" (Lucas 17:10). Creemos que tenemos que ser siervos inútiles, pero no pastores inútiles. (Zacarías 11:15-17)


Artículo 12: El bautismo En el espíritu santo


Nosotros creemos que a todos los creyentes se les ha conferido el derecho y deber de esperar ardientemente y buscar con vehemencia la "Promesa del Padre", es decir, el Bautismo en el Espíritu Santo. De acuerdo al mandamiento y enseñanza de nuestro Señor Jesús, ésta fue la experiencia normal para todos los miembros de la Iglesia primitiva, y debe serlo también para los creyentes en todos los tiempos (Hechos 1:4-5,8; 2:38-39; Lucas 24:49). Creemos que esta maravillosa experiencia es distinta del nuevo nacimiento y posterior al mismo (Hechos 12:8-17; 10:44- 46), y se identifica en la forma mas común, por la señal del hablar en lenguas desconocidas, (glosalalia), tal como el Espíritu Santo inspira a expresarse, (Hechos 2:4) pero que a la vez, no siempre ocurre así, ya que esto es una señal y las señales son para los incrédulos. Creemos que esta gran experiencia consiste en una inmersión en el río de Dios, es nadar en el Espíritu, que trae como resultado un profundo Temor reverente de Dios, de manifestación ardiente; de Consagración genuina y dedicación a la Obra de Dios en forma incondicional y un ferviente amor por Cristo, por Su Palabra, por los creyentes en Cristo y por las Personas que no conocen a Dios (Juan 7:37-39). Creemos que la experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo constituye la puerta de acceso a la vida plena en el Espíritu, y nos prepara para la Llenura del Espíritu, el habitar del Espíritu en nosotros; el que reviste al creyente del poder de Dios para la vida, para el servicio y el testimonio ante el mundo y le capacita para ser usado e investido de los Dones y para el desempeño eficiente de su ministerio, para procurar, proclamar, estar y vivir la unidad de la Iglesia del Señor sin acepción, ni excepción de personas o rangos eclesiales. (1ª Corintios 12:1,4, 7-11). Dichos Dones deben usarse como enseñan las Escrituras, para su mejor aprovechamiento (1ª Corintios 14:26-40).


Artículo 13: Del Pecado Después De la Justificación


Nosotros creemos que no todo pecado voluntariamente cometido después de la justificación, es el pecado contra el Espíritu Santo e imperdonable. Por lo cual, a los que han caído en pecado después de su justificación, no se les debe negar el privilegio del arrepentimiento. Después de haber recibido el Espíritu Santo, podemos olvidarnos de la gracia concedida y caer en pecado, y por la gracia de Dios, en el arrepentimiento genuino, levantarnos de nuevo y enmendar nuestra vida. Por lo tanto, son de condenar los que dicen que ya no pueden pecar más mientras vivan, o que niegan a los verdaderamente arrepentidos la posibilidad del perdón. El redimido o santo cuando comete un pecado siente una gran pena, un dolor interior que le redarguye y su conciencia le acusa, lo que lo lleva al arrepentimiento; en cuanto el hombre común que es pecador, disfruta vivir en el pecado y en caso que hizo algo muy malo ante los ojos de la sociedad, puede llegar a sentir como mucho un remordimiento, que lo lleva solamente a sentir un poco de vergüenza y a sonrojarse, pero nunca a tener un genuino arrepentimiento que lo lleve a pedir perdón, a lo sumo una disculpa y nada más que eso. La diferencia consiste en que el redimido practica la santidad; y el hombre natural tiene por estilo de vida el pecado.

Artículo 14: La Sanidad Divina


Nosotros creemos que la Sanidad Divina forma parte de la expiación y constituye el privilegio de todo creyente (Isaías 53:4-5; Mateo 8:16-17). Consiste en creer que en el Nombre del Señor Jesús y por Sus méritos expiatorios, podemos recibir liberación de la enfermedad. Creemos que las Sagradas Escrituras enseñan que todo creyente debe acercarse a Dios por medio de la oración, para obtener la sanidad física, mental y espiritual (Santiago 5:14-15; 1ª Corintios 12:9). Creemos en la ayuda que puede proporcionar la ciencia médica y damos gracias a Dios por ella. Pero también y sobre todo, creemos que el poder sobrenatural de Dios existe, que es real y se manifiesta en aquellos que creen sinceramente y son parte de las señales que avalan a los creyentes en el Nombre del Señor Jesús. (Marcos 16:17-18) Creemos que la enfermedad que se hace visible en el cuerpo, es la enfermedad interna del Alma y que el Señor Jesús vino a salvar o ha sanar el Alma humana enferma u oprimida por el diablo; es por ello que la oración de Fe, luego que la persona recibe y confiesa a Jesús como su Señor y Salvador –Sanador, la persona es sanada espiritualmente, libertada de las garras de Satanás, por lo que la enfermedad física desaparecerá, ya que sus pecados le han sido perdonados. (Santiago 5:14-20) debe entenderse, que no en todos los casos las enfermedades son por causa de pecado; sino que son en algunos casos por imprudencia de la persona que se alimentó mal; que asistió a algún sitio donde habían virus de enfermedades contagiosas; etc. esto es por causas naturales o de exposición y en otros es porque lo que Satán quiere capitalizar para mal, Dios lo revertirá para Su gloria y para que los incrédulos se convensan por sus propios ojos. (Juan 11:1-45)  

Artículo 15: De la Iglesia Y las Congregaciones Locales


Nosotros creemos que la Iglesia es el Cuerpo visible e invisible del Señor Jesús, y no místico. Creemos que cada Iglesia local es el Cuerpo Visible, del Dios Invisible. Creemos que la Iglesia invisible de Cristo es la morada de Dios, divinamente señalada por el Espíritu Santo para el cumplimiento de la Gran Comisión. Creemos que la Iglesia del Señor son cada Congregación o Fraternidad de fieles creyentes, renacidos del agua y del espíritu, por el Espíritu Santo, llamada también como parte de la gran Asamblea general de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida, en los cielos, (Efesios 1:22-23; 2:22; Hebreos 12:23) en la cual se predica la Palabra pura de Dios, y se ministran debidamente los Dones del Espíritu Santo, y las Ordenanzas, conforme a la institución del Señor Jesús, en todo aquello que forma parte necesaria y esencial de los mismos. Creemos en la autonomía dependiente espiritualmente de la Iglesia local. Creemos que la Iglesia es Pueblo Santo de Dios y que está constituido por personas físicas que son todos aquellos que creen y practican las enseñanzas neotestamentaria, que procuran vivir en santidad y esperan al Señor Jesús en Su segunda e inminente venida. Que han sido redimidos por Jesucristo, y regenerados por el Espíritu Santo. Creemos que cada uno de los creyentes, renacidos por el Espíritu Santo, forman parte Integral de la Iglesia tanto visible como invisible y sus nombres están escritos en el "Libro de la Vida" y que un día será abierto. Creemos que el triple propósito de la Iglesia es: Adorar a Dios el Padre, Edificar a los santos creyentes redimidos en su calidad de hijos de Dios y discípulos de Jesucristo, y por último el de Evangelizar alcanzando a toda persona hasta lo último de la tierra desde la más tierna edad hasta en su vejez. (Mateo 28:19-20; Efesios 1:22-23; 2:22; Hebreos 12:23; Efesios 4:11-13). Creemos que una congregación grande, no es aquella que tienen miles de personas bajo su techo en una ciudad, -esto es una Congregación Gorda, si ella no tiene filiales y anexos en cada barrio de la ciudad, y que el conjunto las congregaciones locales, conforman la Iglesia Local, dentro de una Iglesia Central u Organización Denominacional. Creemos que abrir anexos y filiales corresponde a la orden de ensanchar las estacas, y no simplemente comprar las propiedades de junto a cada templo. (Isaías 54:2-3) Entiéndase esto que es fuera de las células, ya que los que asisten a ellas se congregan en un mismo templo una o más veces por semana.


Artículo 16: Del Ministerio de los Santos


Nosotros creemos que todo ser humano recibe, mínimamente un talento; que otros pueden recibir tres, cinco o más; pero que esos talentos, sean cuantos fueron, al recibir al Señor Jesucristo como Rey y Salvador personal, deben ser consagrados a Dios y transformado por Dios, y a través del Espíritu Santo, nos es devuelto en uno Don más Dones; este o estos deben de ser trabajados a tal punto por el creyente renacido, apoyado por el Pastor y los Líderes locales, para que se transformen, mínimamente en un Ministerio o más. El Ministerio que fue provisto por el Señor y Mesías Jesús, tiene tres propósitos:


1. La Evangelización del Mundo, en Unidad para que el mundo crea, esto es;   Una Iglesia Unida de congregaciones locales denominacionales distintas desde una ciudad al país, para Un Mundo Dividido; con señales, prodigios y milagros que siguen a los creyentes y no como doctrina a seguir por los creyentes renacidos en el Mesías. (Juan 17; Marcos 16:15-20).


2. La Adoración a Dios el Padre, que sea en espíritu y en verdad, ya que el Padre, no gusta de canciones en si mismo, sino del Adorador que le adora en espíritu y en verdad, esto es por dentro y por fuera. (Juan 4:23-24)

 

3. La Edificación del Cuerpo Santo, por los santos redimidos que se perfeccionan en amor y en santidad a la imagen del Hijo Unigénito del Padre; el Señor Jesús. (Isaías 62:12; Efesios 4:11-16)


Artículo 17: Del Purgatorio, La Absolución, Adoración a las Imágenes e Invocación a los Santos y Ángeles


Nosotros creemos que la doctrina tocante al purgatorio, a la absolución, a la veneración y adoración, tanto de imágenes como de reliquias, y también a la invocación de los “muertos”, es un error, una pura invención sin fundamento en las Sagradas Escrituras, y contraria a la Palabra de Dios (Salmos 115:4-8; Isaías 26:13-14) .


Artículo 18: Del uso en la Congregación De una lengua que el Pueblo entienda


Nosotros creemos que el ofrecer oración pública en la Iglesia o administrar los sacramentos en una lengua que el pueblo no entiende, es cosa evidentemente no deseada, tanto por la Palabra de Dios, como por el uso de la Iglesia primitiva. Creemos que es conveniente que todo servicio religioso se lo realice en el idioma  o lengua normal que la gente del lugar entienda. (1ª Corintios 14:23-24).

Artículo 19: De las Ordenanzas


Nosotros creemos que las ordenanzas o sacramentos instituidos por Cristo, no son sólo señales o signos de la profesión de los cristianos, sino más bien testimonios seguros de la gracia y buena voluntad de Dios para con la humanidad redimida, por los cuales obra Él en nosotros invisiblemente, y no sólo aviva nuestra fe en Él, sino que también la fortalece y confirma. Creemos que las ordenanzas o sacramentos instituidos por Cristo, nuestro Señor, son tres, a saber: el Bautismo por inmersión, la Cena del Señor y el Lavado de los pies de los santos vivos. Creemos que los cinco comúnmente llamados sacramentos por la Iglesia de Roma u Ortodoxas, a saber: la confirmación, la penitencia, el orden sagrado, el matrimonio y la extremaunción, no deben tenerse por sacramento del Evangelio, puesto que han emanado, algunos de ellos, de una viciosa imitación de los apóstoles, mientras que otros son estados de vida aprobados en las Escrituras (ejemplo del matrimonio Génesis 2:24), sin que sean de la misma naturaleza que el Bautismo (Romanos 6:4; Efesios 4:5) y la Cena del Señor (Lucas 22:15-16;19) y el Lavado de los pies de los santos vivos (Juan 13:1-17), puesto que carecen de todo signo visible o ceremonia ordenada por Dios. Los sacramentos no fueron instituidos por Cristo para servir de espectáculo, ni para ser llevados en procesión, sino para que usáremos de ellos debidamente (Juan 13:15). Y sólo en aquellos que los reciben dignamente producen efectos saludables, mientras que los que indignamente los reciben, adquieren para sí -como dice Pablo,  condenación. (1° Corintios 11:28-32)


Artículo 20: Del Bautismo Por las Aguas


Nosotros creemos que el Bautismo en las Aguas es la confesión pública de que hemos decidido apartarnos de la vida de pecado conforme a nuestra propia voluntad, para nacer a una vida nueva de santidad y de búsqueda sincera de la perfecta voluntad de Dios, sirviendo a los demás sin diferencias. Creemos que el Bautismo es signo de profesión y nota distintiva, por lo cual se distinguen de los creyentes renacidos de los no bautizados, y también es signo de la regeneración o renacimiento. Creemos y practicamos el bautismo en las aguas por inmersión y en caso que el postulante esté impedido físicamente para ser introducido en la misma o por escasez de aguas, en el bautismo por infusión o aspersión. Creemos que todo aquel que se ha arrepentido sinceramente y considera al Mesías su Señor y Salvador, debe someterse a la ordenanza del Bautismo en agua de acuerdo a las Sagradas Escrituras como un paso de obediencia. Mediante el bautismo, el creyente declara ante el mundo que ha muerto con Cristo y que ha resucitado también con Él, a fin de caminar en una nueva vida. Creemos que el Bautismo es un paso importante y necesario de obediencia con la confesión pública de un sentido real de arrepentimiento de la pasada manera de vivir y deseos sinceros de un cambio de vida; (1° Pedro 3:21-22) bautizándoselo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, como lo enseñó el Señor Jesús. Sin embargo, el Bautismo de los párvulos no debe observarse en las Fraternidades locales, ni el bautismo por los muertos. (Mateo 28:19-20; Hechos 10:47-48; Romanos 6:4)


Artículo 21: De la Cena Del Señor


Nosotros creemos que la Cena del Señor no es un simple signo del amor que deben tenerse entre si los cristianos, sino que es más bien el anunciar la muerte de nuestro Señor Jesús por amor a la humanidad. Es la comunión íntima y personal que tenemos de cenar con nuestro Señor, a más de compartir con los hermanos del mismo pan y de la misma copa. Es en recordatorio de nuestra redención por la muerte de Cristo, en la cual Dios pasó por alto nuestros pecados y enemistad que teníamos con Él; de modo que, para los que digna y con fe, reciben estos símbolos, el pan que partimos es una participación del cuerpo de Cristo y la copa de vino sin alcohol, jugo de la uva verdadero, es el nuevo pacto que Dios hace con nosotros únicamente por y en Cristo. La transustanciación, o transmutación de la sustancia del pan y del vino en la Cena de nuestro Señor, no puede probarse por las Sagradas Escrituras; antes bien, es contraria a las Palabras determinantes de las Escrituras, y trastorna la naturaleza de la Cena y ha dado ocasión a muchas supersticiones. El cuerpo de Cristo que se da, se toma y se come en la Cena, es sólo de un modo celestial y espiritual. Y el medio por el cual el cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena es por la fe. Cristo no ordenó que los elementos de la Cena se reservaran, ni que se llevaran en procesión, ni se elevaran, y mucho menos, se adoraran. Creemos que la Cena del Señor constituye un símbolo que expresa nuestra identificación con la naturaleza divina del Señor Jesucristo, un recuerdo de Sus sufrimientos, Su muerte, Resurrección y la profecía de Su Segunda Venida. Todo creyente bautizado en o por las aguas debe participar de la Cena hasta que el Señor venga. (Mateo 26:26-30; 1ª Corintios 11:23-31).


Artículo 22: El Lavado de los Pies De los Santos Vivos


Nosotros creemos que la enseñanza del Señor Jesús de lavar los pies a sus discípulos, es la prueba más contundente que tenemos para perdonarnos unos a otros en humildad y sujeción, tal como aprendió el apóstol Pedro esa noche. Lavarse los pies es la comunión personal que tenemos con los hermanos y está comunión nos hace acepto delante de Dios. Creemos que es un acto sublime y santo, como lo es la misma Cena y el Bautismo. No debe practicarse el lavado de los pies entre sexos opuestos a no ser que sean esposos, padres, hijos o hermanos de sangre. Será tomado como humillación (en sentido de humildad y no de vergüenza) ante el hermano. No podemos decir que nos humillamos ante Dios, si no hemos aprendido a humillarnos delante de nuestro hermano que fue lavado con la misma sangre de Cristo que nosotros, aunque él nos pudo haber fallado; es la prueba visible y tangible del perdón y del arrepentimiento genuino.

 
Artículo 23: De la Participación De la Copa del Pacto


Nosotros creemos que el cáliz o copa del Señor, no debe negarse a los laicos pues ambas partes de la Cena del Señor, por institución y mandamiento de Cristo, deben suministrarse igualmente a todos los creyentes bautizados. Creemos que ningún ministro o líder tiene autoridad de negar la Cena del Señor a hermanos que supuesta o ciertamente hayan cometido un pecado, ya que la decisión de participar es privativo del creyente, que con el sublime acto de arrepentirse unos minutos antes, y creer con fe genuina, que fue perdonado, apartándose del pecado, está en libertad de participar de los emblemas en el servicio sagrado, por haber acudido al trono de gracia del Padre por los méritos del Mesías Jesús. De lo contrario, si el creyente no valoriza y respeta lo que está comiendo y bebiendo, juicio come y bebe para sí. 

 
Artículo 24: De la Única Oblación De Jesucristo Consumada en el Madero


Nosotros creemos que la oblación de Cristo, una vez hecha, es la única perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados del mundo, originales y actuales; y no hay otra satisfacción por el pecado, sino ésta únicamente. Por lo cual, el sacrificio de la misma en el que se dice comúnmente que el sacerdote ofrece a Cristo por los vivos y por los muertos, para que estos tengan remisión de pena o de culpa, es fábula blasfema y fraude pernicioso. 


Artículo 25: Del Matrimonio De los Ministros Religiosos


Nosotros creemos que la ley de Dios no manda a los ministros de Cristo hacer voto de celibato, ni abstenerse del matrimonio; por el contrario, le es bíblicamente lícito, pues, para ellos, lo mismo que para los demás creyentes, contraer matrimonio a su discreción, como juzgue más conducente a la santidad, les es honroso. Creemos que existen hermanos que han decidido por mutuos propios, no casarse y han recibido del Señor, por amor a la obra, el don de continencia sexual y es por ello que pueden haber ministros solteros o viudos o solos, siempre y cuando se haya probado su continencia sexual en todo sentido.


Artículo 26: De las Ceremonias De los  Cultos


Nosotros creemos que no es necesario que las ceremonias, en los servicios en los cultos al Dios Trino y reuniones de la Iglesia, sean en todo lugar los mismos, ni de forma idéntica; puesto que siempre han sido diversos, y pueden modificarse según la diversidad de los países, tiempos y costumbres de los hombres, con tal que nada se establezca contrario a la Palabra de Dios. Cualquiera que, apoyándose en su juicio privado y voluntariamente, quebrantare públicamente las ceremonias, los cultos al Dios Trino y reuniones de la Fraternidad a las que pertenece, las que no sean contrarias a la Palabra de Dios, sino ordenados y aprobados por el Presbiterio General, debe, para que otros teman hacer lo mismo, ser reprendido públicamente como perturbador del orden común de la Fraternidad, y como quien hiere las conciencias de los hermanos débiles. (1° Corintios 10:25-33) Cualquier Iglesia local tiene facultad para establecer, cambiar o anular las ceremonias, los cultos y reuniones de la Iglesia, con tal que se haga todo para la sana edificación del cuerpo de Cristo y la gloria de Dios, como quedó implícito, que no esté fuera de la Biblia o sobre ella. (1ª Corintios 14:40)


Artículo 27: La Oración


Nosotros creemos que Orar a Dios es el privilegio y el deber de todo creyente. Creemos que es el acercamiento espontáneo y sincero de la persona hacia Dios el Padre en comunión espiritual, para adorarle, agradecerle, interceder por uno mismo para no caer en tentación y por las necesidades ajenas y aun las propias. (1ª Timoteo 2:8; Hebreos 10:19-22; Filipenses 4:6; 1ª Juan 5:14-15). Creemos que la oración se debe dirigir a Dios el Padre en el Nombre del Señor Jesús y con la guía del Espíritu Santo. (Juan 14:13-I4; Romanos 8:26-27 pero que no en el nombre de la Trinidad, como acostumbran la mayoría de las iglesias evangélicas, copiado de la católica romana y ortodoxas, ya que esto es contraria a la Palabra de Dios. (Colosenses 3:17)


Artículo 28: De los Bienes de los Cristianos, Las Ofrenda y el Diezmo


Nosotros creemos que las riquezas y los bienes patrimoniales de los cristianos, son comunes en cuanto al derecho, título y posesión de los mismos, como falsamente aseveran algunos; sin embargo, todo creyente, de lo que posee y según sus facultades, puede dar con liberalidad ofrendas para los pobres y sostenimiento de la obra del Señor y a sus Ministros con sus diezmos, no como una obligación de la Ley, sino en acción de gracia, dará sus ofrendas, primicias, diezmos, y donaciones comprendiendo que Dios ama al dador alegre, y que hay promesas firmes y serias de Dios para estos creyentes, que generosamente comparten de lo que de Dios han recibido. (1° Crónicas 29:13-17)

Artículo 29: Del Juramento Del Cristiano


Nosotros creemos que así como confesamos que nuestro Señor Jesucristo y Santiago -Jacobo, prohíben a los cristianos el juramento vano y temerario, también juzgamos que los Ministros, Líderes y Laicos no presten juramento a requerimiento de los magistrados, sino prometan delante de Dios, producirse con veracidad en todos sus dichos, por causa de la fe en el Señor Jesús, en prueba de caridad y colaboración ciudadana de la carga pública y según la doctrina del profeta, que se basa en la justicia -equidad, en juicio –seriedad, y verdad –sin exagerar, ni ocultar. Esto se debe de decir a los magistrados ya que es un derecho constitucional y de las leyes internacionales y de muchos países que han legislado a favor de esta forma de presentar los creyentes redimidos el testimonio como testigo, imputado, acusado, querellante, etc.


Artículo 30: Del Día De Reposo


Nosotros creemos y afirmamos que el día constituido por Dios como día de reposo es el sábado y que en la Ley mosaica no fue cambiado ese día por otro, ni en toda la Biblia. Sin embargo creemos así mismo, que Jesús es el Reposo de Dios y Señor del Sábado, lo que para quienes hemos recibido al Mesías Jesús, como nuestro único Salvador y Señor, hemos entrado en el reposo de Dios; por lo que toda la Ley es símbolo e imagen del Mesías y las promesas salvadoras de Dios, cumplidas en Yeshuá –Jesús como el Mesías. Creemos en consecuencia que ya no hay más sacrificio que ofrecer, ni un día de guardar, sino que estamos guardados nosotros, todos los días, por lo que todos los días son aptos para guardar y consagrar a Dios para rendir culto al Dios Trino; así que no debe de pensarse, ni decir, que el día domingo es el día de reposo, porque se ridiculiza el Sábado, y se trasforman en adoradores del sol, ya que esto es una religión pagana de cientos de años antes de Cristo, los que guardaban el domingo como día de culto a su dios sol, de donde se desprende la practica masónica y gregoriana de occidente, que hasta hoy vemos observar, especialmente por la iglesia de Roma, en la que la mayoría de las iglesias evangélicas participan.

 
Artículo 31: Un Mundo Nuevo


Nosotros creemos que la obra que Dios encomendó a Adán en el Jardín del Edén, fue cuidar la creación: plantas, animales, medio ambiente etc. Creemos que ahora la obra de los cristianos redimidos es cumplir con la gran comisión del Señor Jesús, de ir por todo el mundo y hacer discípulos, predicando el evangelio a todas las personas; es por ello que no aceptamos que nuestros miembros pierdan el tiempo de evangelizar preocupándose por la ecología y el medio ambiente, o participar en la reacción con movimientos ecologista, ya que Dios hará nuevos cielos y nueva tierra. Lo cual no significa que estemos estimulando a agredir nada de lo creado por Dios. Dejamos que Dios sea el que destruya esta tierra y el cielo cuando Él lo crea necesario, o el hombre corrupto y no nosotros, anticipándonos sin ser ésta nuestra tarea, solamente es anunciar las buenas nuevas de salvación, hacer discípulos de los creyentes y enseñarles a ser personas santas preparándose para la vida eterna en la nueva creación.


Artículo 32: El Rapto de la Iglesia, La Bendita Esperanza y El Reino Milenial de Jesucristo


Nosotros creemos en la premilenial segunda venida de Jesucristo, primero para resucitar a los justos –santos, muertos y arrebatar a los justos que vivan -santos vivos hacia Él en el aire, por lo que creemos que la resurrección de los que han muerto creyendo en el Señor Jesucristo y su arrebatamiento (traslación), juntos con aquellos que aún vivan cuando retorne el Señor Jesús, constituye la bendita esperanza de la Iglesia, la cual recibimos; asimismo que el cumplimiento de dicha esperanza es inminente; (1ª Tesalonicenses 4:16-17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1ª Corintios 15:51-52). Segundos después –en la hora de Dios, de haber llevado consigo a Su Iglesia, el Señor Jesucristo descenderá con Sus "santos millares", salvar y redimir por la labor evangelizadora de los 144.000 judíos mesiánicos, al pueblo elegido de Israel y reinará por mil años sobre la tierra. (Apocalipsis 20:4-6).


Artículo 33: El Juicio Final


Nosotros creemos que después del milenio, se efectuará la resurrección de los que murieron sin haber recibido a Cristo como su Señor y Salvador personal, y a los que vivan aún que negaron el nombre y otros que lo rechazaron, serán juzgados de acuerdo a sus obras y luego arrojados al lago de fuego. Creemos que esta es la "muerte segunda" la que merecen los incrédulos y los impíos. (Apocalipsis 20:11-15).


Artículo 34: Los Nuevos Cielos Y la Nueva Tierra


Nosotros creemos firmemente y “nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia". (2ª Pedro 3:13; Apocalipsis 21 y 22).


 

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